martes, 2 de abril de 2013

EPO y deporte: ¿conocemos sus riesgos?

Es curioso cómo se popularizan determinadas sustancias, quedándose su conocimiento en algunos aspectos “bondadosos”, y sin llegar a divulgar los aspectos más importantes, sobre todo cuando estos tienen influencia en la salud de las personas.

El uso de la EPO (eritropoyetina) se popularizó en el deporte con la
finalidad de aumentar el número de glóbulos rojos en la sangre (su función básica en nuestro organismo) con el objetivo de aumentar la capacidad física del deportista.

Viñeta cómica aparecida en público.es en julio de 2008

Pero si alguien puede creer que nuestro nivel de glóbulos rojos se puede aumentar de forma artificial sin riesgos, está equivocado. Si esto fuera así no existirían enfermedades en las que el problema es, precisamente, un aumento de estos hematíes.

El hematocrito (ya popularizado en el medio deportivo con las noticias que salen en la prensa) no debe superar determinados niveles. En general se considera que por encima de 52 puede suponer un riesgo, por el sobreesfuerzo al que se somete al corazón, el riesgo de formación de trombos y la posibilidad de provocar un infarto. Estos riesgos potenciales aumentan con el ejercicio intenso que provoca más deshidratación y aumenta el hematocrito de forma natural.

Por tanto EPO y deporte intenso son una mezcla poco conveniente.

 
La periodista estadounidense Oprah Winfrey entrevistó al 7 veces ganador del Tour de Francia Lance Armstrong, quien reconoció haber consumido EPO a lo largo de su carrera, entre otras sustancias

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