miércoles, 10 de septiembre de 2014

MEDICINA DE LA DANZA: SE DEBE RETOMAR EL ASESORAMIENTO

Como aficionado de largo recorrido de la danza, me propongo comentar periódicamente algunos aspectos de la salud relacionados con esta actividad.
Clásicamente la labor del médico ha sido la de tratar lesiones en los bailarines, dejando de lado el aspecto más importante que es el asesoramiento al bailarín sobre asuntos relacionados con su salud (y por supuesto con su rendimiento). Creo sinceramente que mucho queda por hacer en este campo.
La técnica del ballet clásico consiste en posicio­nes y movimientos estilizados que se han ido desarrollando a lo largo de cinco siglos. Estas leyes del ballet clásico están reflejadas en documentos italianos del siglo XV-XVI y franceses del siglo XVII, y nacieron de las exigencias estéticas que se planteaban du­rante el Renacimiento y Barroco.

Ya en ese momento nació el binomio técnica-arte, siendo el dominio de la técnica (y por tanto del cuerpo) un medio para lograr el baile teatral.
Dada la exigencia que conlleva el dominio de la danza clásica, su estudio comienza en edades muy tempranas. Ello supone que alrededor de los 8 años comience en muchos casos, un entrenamiento serio.
La progresión de este entrenamiento implica que aumente el tiempo y la frecuencia de las sesiones de una forma progresiva a lo largo del tiempo.
¿Cuántos padres se plantean si sus hijos están capacitados para desarrollar esa actividad?. ¿Cuántos conocen las demandas físicas reales que la danza tiene para el organismo?.
Sin duda el aspecto clave que se debería plantear previamente (o en las fases iniciales) al inicio de la danza, es si están capacitados para hacer esa actividad.
En segundo lugar, ¿el profesor de danza recibe información sobre el estado físico de sus alumnos de forma que pueda valorar las necesidades del mismo?.
Es habitual atribuir al uso inadecuado de la técnica, el origen de alteraciones y lesiones músculoesqueléticas, que en ocasiones puede llegar a ocasionar daños irreversibles al bailarín o bailarina. Sin embargo, pocas veces se plantea la duda de si el bailarín está capacitado desde el punto de vista físico para el trabajo al que se le va a someter. A lo mejor una revisión adecuada previa a ese inicio, puede permitir detectar alteraciones que serán limitantes en el futuro (y que pueden desembocar en un abandono precoz de la danza después de unos años de sacrificio) o alteraciones que si son conocidas por su profesor podrán ser subsanadas sin generar problemas añadidos.
Muchas veces existe una obsesión de alcanzar unos cánones estéticos similares para todos los practicantes sin tener en cuenta las diferencias antropomórficas individuales. Esas diferencias pueden ser el origen de que si se aplica la misma técnica a todos por igual, se generen efectos perjudiciales sobre la salud física (y a veces también psíquica) del individuo.
Mi intención es en próxima entregas ir analizando algunos aspectos de la salud del bailarín, teniendo como objetivo que alcance  el disfrute de la danza.

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