domingo, 28 de agosto de 2016

EL DOPAJE VISTO DESDE LA BIOETICA ¿SORPRESA?

Es habitual que en nuestra vida debamos enfrentarnos a múltiples dilemas bioéticos, y el deporte no puede quedar al margen, ni ser ajeno a la reflexión ética, sobre todo tratándose de una de las actividades más practicadas en nuestra sociedad.
Cuando hablamos del ideal deportivo lo hacemos desde una polaridad bien definida:
-              Por un lado los valores recogidos en la Carta Olímpica, promulgada el 12 de Diciembre de 1999.
-              Por otro lado los valores de consecución de la victoria.
El dopaje nace de la necesidad de alcanzar el record o la victoria.
Al valorar el problema del dopaje, podemos caer en el error de pensar que estamos ante un hecho aislado y rechazado socialmente. Nada más lejos de la realidad, como demostró el Dilema Goldman en su momento. Durante más de una década este investigador encuestó a deportistas de élite planteándoles si estarían dispuestos a tomar una sustancia dopante que les garantizara el éxito deportivo aun sabiendo que dicha droga acabaría con sus vidas cinco años después. El resultado durante esos años no varió, manifestando más del 50% de los participantes que estarían a favor de dicha opción. Sin embargo, cuando este estudio se aplica a personas sin relación con el deporte, apenas estaban a favor un 1%.
Concepto de «mejoramiento» o «enhancement» y dopaje.
El fenómeno de “mejoramiento” o “enhancement” (en terminología anglosajona), busca aumentar las posibilidades del cuerpo humano por encima de las capacidades naturales. Cuando lo aplicamos al deporte, estamos sencillamente ante una práctica que modifica el sentido y los valores de esta actividad.
El principal problema de las técnicas de mejoramiento es que no son mal vistas por la mayoría de la sociedad, de manera que se utilizan desde hace años fármacos, para afrontar situaciones de la vida cotidiana o laboral con mayores garantías de éxito, siendo esta práctica aceptada e incluso promovida socialmente con un perfil positivo.
Un caso paradigmático es la cafeína, cuyo uso se ha llegado a considerar normal para aumentar el rendimiento cognitivo en niños y sin embargo ha sido considerado dopaje durante muchos años.
El Código Mundial Antidopaje establece que dos de las tres condiciones siguientes deben darse para que una sustancia o tecnología deba ser prohibida en el deporte:
-       Debe ser dañina para la salud (Harmful to health)
-       Debe realzar el desempeño (Performance enhancing)
-       Debe ir contra el espíritu del deporte (Against the “spirit of sport)
Pero esto nos plantea dudas sobre muchas situaciones.
Un ejemplo: el uso de la cámara hiperbárica como método de entrenamiento ¿Podría incluirse dentro del concepto de dopaje? Si un deportista la usa ¿no está utilizando una técnica que mejora el desempeño, y por otra parte va contra el espíritu del deporte (igualdad de oportunidades) porque muchos atletas de todo el mundo no van a poder disponer de esta tecnología, y por tanto están en desventaja? Desde esta perspectiva, parece claro que estaríamos ante una práctica susceptible de ser considerada como dopaje aunque no está catalogada como tal en la actualidad.
Cuando se estudia la bibliografía (este tema fue el que elegí para mi trabajo de fin de Master de Bioética) seleccionando aquellos artículos que contienen términos relacionados con el dopaje y la bioética encuentra una sorpresa: hay menos de 40 artículos publicados sobre el tema del dopaje analizado desde el punto de vista de la Bioética.
Posiblemente esta escasez de publicaciones tiene su origen en la aceptación, desde hace años, de que el dopaje es ilícito desde el punto de vista ético (seguramente influido por el hecho de que está prohibido), basándose fundamentalmente en dos aspectos: la salud del deportista y que se considera un fraude a la competición.
Sin embargo, cada vez son más las voces discordantes que exigen una revisión de este tema, planteando argumentos en contra y a favor del dopaje.
Si analizamos los argumentos (a favor y en contra del dopaje) recogidos en dichas publicaciones, nos encontramos con los siguientes:
Argumento 1: EL DOPAJE AFECTA A LA SALUD DEL DEPORTISTA
Considerado por muchos autores como un argumento suficiente en sí mismo, la principal discusión que se plantea es ¿El dopaje es negativo para la salud de un deportista?
Si revisamos el listado de sustancias y métodos prohibidos en el dopaje, encontramos que algunas sustancias no tienen prácticamente riesgos para la salud, si se utilizan correctamente.
Hoy en día la investigación farmacológica ha mejorado, aumentando la seguridad de uso de los fármacos (sustancias como la Hormona del Crecimiento, la eritropoyetina o las autotransfusiones, se utilizan desde años como tratamientos médicos).
Además hay sustancias cuyo riesgo potencial prácticamente no existe. Por ejemplo ¿qué daño puede ocasionar la ingesta de una pequeña cantidad de alcohol para participar en una competición?
En este sentido el transhumanismo, considera que las conmociones cerebrales en el fútbol americano, el rugby o el boxeo, son perjudiciales para la salud del deportista, y sin embargo no se utiliza el mismo criterio ético con estas prácticas que con el dopaje.
Por otra parte tengamos en cuenta la percepción por parte del consumidor de sustancias dopantes, que en muchas ocasiones no asume que tengan riesgos para la salud.
Respecto al dopaje genético las pocas evidencias de las que disponemos orientan a riesgos para la salud del deportista, como su asociación con la aparición de reacciones inmunológicas graves, mutagénesis, y riesgo de cáncer. Los resultados futuros son completamente impredecibles y seguramente irreversibles.
Argumento 2: EL DOPAJE PROVOCA UNA COMPETENCIA DESLEAL
Es el otro argumento que más se utiliza entre los detractores del dopaje, como vulneración del principio de justicia, ya que consideran que se contrapone a la igualdad en la competición, y que existe una diferencia en cuanto al acceso al mismo, pudiendo algunos deportistas utilizar métodos más sofisticados que otros.
Sin embargo hay voces que defienden el dopaje, utilizando como argumento que se sigue utilizando a pesar de la prohibición, pero que no todos los deportistas tienen la misma capacidad de acceder a él, lo que aumenta la desigualdad.
Se llega incluso a recomendar la legalización del dopaje, esgrimiendo que para otras prácticas no se utilizan los mismos criterios, como el caso de la utilización de las tiendas de hipoxia que no son consideradas dopaje. Algunos consideran que lo realmente injusto es que haya deportistas que puedan acceder a estos métodos “legales”, mientras que otros no pueden por imposibilidad económica o falta de acceso a los mismos.
Quienes defienden el dopaje genético consideran que éste favorece el desarrollo de determinadas cualidades físicas igualando la diferencia genética natural, con lo que el éxito dependerá del esfuerzo individual y no de la carga genética. Con esta argumentación defienden que el dopaje genético no sería éticamente reprobable porque pondría a todos al mismo nivel de partida, si bien han recibido por ello fuertes críticas.
Argumento 3. EL DEPORTE DEBE REALIZARSE SIN AYUDAS EXTERNAS, POR EL MAL EJEMPLO QUE OFRECEN A LA SOCIEDAD
Algunos autores consideran que el dopaje en el deporte es una práctica que va en contra de los principios de la sociedad, ofreciendo un ejemplo negativo.
Sin embargo esto contradice la alta permisividad social, ante el consumo de sustancias como el tabaco o el alcohol, o con los deportistas detenidos por conducir borrachos.
Argumento 4: DEBE PRIMAR LA LIBERTAD INDIVIDUAL SOBRE EL RESTO DE ARGUMENTOS
El transhumanismo considera este principio como prioritario, anteponiéndolo por encima de todo lo demás.
Hay autores que incluso defienden este argumento a pesar de que exista una falta de un conocimiento profundo de los efectos del dopaje, olvidando que para poder desarrollar este principio de autonomía, es necesario que la persona tenga un conocimiento exhaustivo de aquel asunto sobre el que tiene que tomar la decisión.
Argumento 5: UN DOPAJE CONTROLADO EVITARÍA EN GRAN MEDIDA LOS RIESGOS DEL MISMO
Diversos autores se postulan a favor de una legalización del dopaje, al considerar que es inútil resistirse al mismo, es inevitable y por tanto lo sensato sería afrontarlo con inteligencia.
Consideran que el control perfecto a través de los métodos de detección actuales y los reglamentos sancionadores es imposible (se siguen detectando casos de dopaje), y además como consecuencia de su ilegalidad, las condiciones en las que se practica conllevan unos riesgos mayores que si se realizara en el contexto de un control médico adecuado.
Por ello defienden que el uso de determinadas técnicas de dopaje de una forma controlada, convertirían al deporte en una práctica más segura y estable.
Quienes defienden el control estricto del dopaje argumentan que la legalización podría conllevar una mayor presión a los atletas, un mayor consumo y el uso de combinaciones cada vez más peligrosas de fármacos, por lo no mejoraría la situación actual o incluso empeoraría.
Por hoy no quiero aburriros más. Existen otros múltiples problemas éticos asociados al dopaje, pero los veremos más adelante.
Lo que parece claro es que el problema del dopaje debe revisarse desde muchos puntos de vista, y que debemos replantearnos que las medidas punitivas pueden no ser suficientes para terminar con esta lacra. Las estrategias educativas cuentan cada vez con más defensores (incluidos los propios deportistas).
La evidencia (a veces lejos de lo creemos) es que existen muy pocos artículos científicos cuyo objeto sea valorar el dopaje desde un punto de vista ético. Lo cierto es que la capacidad de persuasión de los argumentos contra el dopaje en el deporte son en algunos casos poco convincentes para una parte de la población (tanto deportista como público) y no parece que haya ninguna situación que justifique la eliminación de todas las sustancias que mejoran el rendimiento en el deporte competitivo.
Como crítica personal, decir que los argumentos a favor del dopaje (su legalización) carecen de un fundamento metodológico adecuado.
Por todo ello parece que la tendencia futura es que ante las dos tendencias habituales de afrontamiento del dopaje (los que lo quieren ver prohibido y los que quieren verlo permitido) sea una tercera posición que promueve valorar el dopaje en relación a los antecedentes personales de cada atleta, y promover programas preventivos, en lugar de sanciones graves, lo que parece una manera probablemente más eficaz de luchar contra el mismo.

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