sábado, 20 de agosto de 2016

Hasta siempre CAI

Ayer me comunicó el CAI que prescindía de mis servicios.
Fin.
14 años.
No es posible resumir ese tiempo en unas pocas líneas. Es injusto porque no podré mencionar a todos los que querría. Son tantos los amigos que me ha dado el deporte que tendré que ir despidiéndome poco a poco durante estos próximos meses de cada uno de ellos.
Cuando en el verano del 2002 (qué recuerdos) Pepe Arcega (gran amigo) me llamó para participar en un maravilloso proyecto, y le dije sí, sabía que emprendía un camino con fecha de caducidad. Hubiera sido absurdo pensar que todo es eterno. El deporte profesional no hace cautivos.
A pesar de ese convencimiento (el de que este día de hoy llegaría antes o después) no pude impedir que una ilusión inmensa me recorriera el cuerpo (la misma que más tarde pude ver en las caras de nuestros aficionados en el primer partido de presentación y que me ha ayudado para aguantar los avatares de estos años).
Siempre me he sentido más aficionado que trabajador del club.
Quizás eso fue determinante para que Garmendía me pitara una técnica en su día (lo que me reí con él los años siguientes comentando que por su culpa tomaba un Valium antes de cada partido) y para que surgieran otros incidentes posteriores con árbitros de los que no estoy orgulloso. Pero el “forofo” que habita en mí es difícil de refrenar.
Sería injusto si no dijera que ese forofo/empleado también sentía una comunión con un grupo de empresarios (nuestros consejeros) que transmitían también una alegría inconmensurable. Patrocinadores, instituciones, prensa, proveedores… Que gran familia¡¡ Todos juntos en pos de un objetivo: la ACB.
Años fantásticos donde sentías una íntima relación con afición (siempre debe ser la primera), presidencia, dirección deportiva, gerencia y todos mis compañeros (y amigos) de la estructura administrativa y técnica del club.
El descenso (no lo olvidaré nunca Perea) marcó un antes y un después.
Sólo la presencia de José Luis ponía un punto de sensatez (pero se fue demasiado pronto). Lo de después fue de locura (que innobles fueron contigo Joaquín).
Cuando lo que te mueve a estar en el deporte es la ilusión todo lo excusas. Cuando te hacen perder la ilusión no merece la pena sufrir.
Me he despedido de todos los amigos que he dejado en el club. Me he despedido de todos los colaboradores del área sanitaria (inmenso apoyo el que han prestado estos años, casi nunca reconocido en su integridad).  Me he despedido de mucha gente, pero me queda mucha a la que decir adiós. No tengo otro medio que este.
Gracias a todos los que habéis sido constructivos estos años, pero sobre todo gracias a los críticos; sois los que más nos ayudasteis a ser mejores los primeros años (por cierto os he echado en falta los últimos).
Y la afición?
 Sólo decir que soy de los vuestros. Que me he sentido identificado con vuestros aplausos, con vuestros silbidos, con vuestras lágrimas, con vuestras decepciones e ilusiones.
Este año me sentaré con vosotros (los míos) y seguiré sintiéndome caísta en la grada. A la postre eso no cambia mucho, da lo mismo donde esté uno sentado.
Y como no voy a acordarme de quienes siempre han estado a mi lado. Mi familia.
Partido tras partido animando en la grada. Mi hijo jugando en la cantera (pobrecita cantera mía) mientras disfrutó. Mi hija como voluntaria muchos años y como espectadora después. Mi mujer alegrándose y sufriendo conmigo en cada canasta, y padeciendo las horas de convivencia que el baloncesto nos robó. Mis padres, mis hermanos…, todos socios de un club que fue inmenso en su origen (espero que alguna vez recupere ese señorío).
Sin ellos no hubiera sido posible.
Adiós CAI

Hasta siempre CAI

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