viernes, 23 de septiembre de 2016

¿Qué hace el médico de un club profesional?

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Seguramente si tuviéramos a mano una Appgree y realizáramos esta pregunta a un público amplio, encontraríamos un 99% de las respuestas en la casilla de “tratar lesiones”.
Dieciséis años en el deporte profesional: 2 en el baloncesto femenino, y 14 en el masculino (más 2 años simultáneos en el fútbol sala), me permiten rebatir esa tendencia de pensamiento.
Es la idea generalizada, porque es lo que reflejan los medios de comunicación: un médico saltando al campo cuando un jugador se lesiona, para determinar si la gravedad de la lesión le impide o no seguir jugando. Fin de su labor.
¡¡ Lástima de imagen la que se transmite de nuestro trabajo ¡¡.
Quizás los culpables hemos sido nosotros mismos, ya que no hemos sido capaces de modular una imagen más real.
Zlatan Ibrahimovic decía en una entrevista a Aspetar
Sports Medicine Journal, (hablando sobre la relación médico y futbolista): “Para mí, el médico es mi mejor amigo. Es a quien doy más confianza porque no me ve sólo como un jugador de fútbol”. Fantásticas palabras sin duda.
Y lo cierto es que debería ser así, y lo es en la mayor parte de los casos, pero es evidente que ello depende finalmente de la personalidad y el carácter de cada médico. Conseguir el equilibrio entre preservar la salud del jugador (lo primero sin discusión posible) y las presiones para que un jugador juegue, es difícil.
Imaginad la presión ante un jugador que ha sufrido una pérdida de conciencia de unos segundos tras un traumatismo en la cabeza, cuando el médico dice que no debe volver al campo, y todos (jugador, entrenador, público) están presionando para volver. Mantener el tipo y sacar al jugador del campo por el riesgo (mayor o menor) que tiene, exige mucha templanza.

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Y no nos engañemos, somos la pata débil de la mesa y si no que se lo digan a personas de prestigio como Hans-Wilhelm Müller-Wohlfahrt (histórico médico del Bayern de Munich) que salió del club intempestivamente tras casi cuatro décadas en el mismo, o a médicos del Real Madrid que salieron por decisión de Sanitas en contra de la opinión de los jugadores.
A pesar de todo ello la tendencia a que la presencia del médico sea permanente con el equipo, es cada vez más fuerte y se asocia a la capacidad económica de los clubes. Así los equipos de fútbol cuentan con médicos con presencia en los entrenamientos y partidos, así como en los viajes, al igual que los equipos más fuertes económicamente del baloncesto.
Esto se explica por el convencimiento de que se necesita a alguien que cuide la salud del jugador, mediante una actividad continua y que abarque todas las facetas del cuerpo humano.  Y mejor que el médico nadie puede aportar esa visión. Por tanto esa visión de globalidad y de cuidado de la salud del jugador es en el fondo una “inversión económica de los clubes”.
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Esta forma de pensar se ha ido extendiendo a lo largo de los últimos años, de manera que los responsables de los clubes han entendido que el jugador es su activo económico más importante, y que cuanto más tiempo estén fuera del equipo, por mala gestión de su salud, peor para al club.
Así la labor del médico no se limita al tratamiento de las lesiones del jugador (ésta la realiza en íntima colaboración con el fisioterapeuta, preparador físico, técnicos, psicólogos, nutricionistas y readaptadores), sino que debe  a cuidar su salud en general. De esa manera la nutrición, el descanso nocturno, la adaptación a los viajes, las vacunaciones, los análisis periódicos, los suplementos deportivos, y un largo etcétera, obligan a una atención permanente.
Está claro que los clubes que van prescindiendo de la presencia diaria de los médicos en los entrenamientos y viajes, están transmitiendo una debilidad económica e institucional muy grande (generalmente el preludio de una hecatombe económica y deportiva).
La UEFA ha comprendido la importancia de esa labor de cuidado permanente del jugador, de manera que hace tiempo creó una comisión médica, formada por médicos de fútbol de élite de toda Europa, a la que encomienda actividades de investigación y formación, estableciendo por otra parte unos requisitos médicos en los partidos de competiciones UEFA, que obligan a disponer de un mínimo de equipamiento y servicios médicos (por parte de los equipos anfitriones) para hacer frente a cualquier evento que pueda ocasionar lesiones o poner en riesgo la vida de un jugador.
Los dos deportes más poderosos económicamente, fútbol y baloncesto, cuentan con que sus médicos están organizados en asociaciones que potencian la formación continuada de sus asociados, permitiendo un continuo avance científico. Así AEMEF y AEMEB, aglutinan a los médicos del fútbol y el baloncesto, respectivamente, aportando a través de las redes sociales un soporte científico, no sólo a sus asociados, sino a la población en general.
Por último me gustaría hacer un breve comentario sobre una de las facetas del trabajo del médico de club, de vital importancia en todos los deportes pero muy especialmente en el baloncesto. Se trata de la participación del médico en el proceso de fichaje de jugadores. La detección de problemas de salud de jugadores antes de ser fichados, puede evitar que la elaboración de una plantilla sea un fracaso.
El fichaje de un jugador del que se espera un rendimiento determinado, se puede ver enturbiado por la existencia de un problema de salud (no sólo de lesiones) que disminuya o anule en un momento determinado su rendimiento.  Si  no se realiza trabajo riguroso en el examen previo a su fichaje que localice y valore esos problemas, el resultado puede ser un desastre.
Y todo ello, a ser posible, con la máxima discreción posible, para respetar algo que para los médicos es una exigencia de nuestro Código Deontológico; la confidencialidad.
La labor del médico de club, una labor difícil, pero apasionante.

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