viernes, 4 de noviembre de 2016

Herman Hesse el buscador sin pausa

Tengo que admitir que pocos autores (algunos otros hay lógicamente, además de éste) han despertado en mi tan amplia gama de sensaciones, y me han obligado a replantearme actitudes como Herman Hesse.
Si analizo los motivos, creo que el principal fue el haber comenzado a leer sus obras siendo muy joven (debía tener 16 años cuando leí por primera vez El lobo Estepario), dentro de una decisión que tomé de elegir premios Nobel para mis lecturas.
Así me lancé a escrutar la lista de dichos premios (no sabía entonces que Hesse nunca fue a recoger su Nobel), y, sin Google a mano no sé cómo lo conseguí, la casualidad dio con el nombre de Hesse. Elegir el Lobo Estepario, como primera lectura, seguramente estuvo condicionado, ya ni lo recuerdo, por el título que evocaba naturaleza a raudales. ¿Qué hubiera pasado si alguien me hubiera relatado el argumento del libro antes de decidirme?. ¿Lo hubiera leído en ese caso?. Creo que no.
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Pero la determinación (más bien tozudez) de los 16 años, me abdujo, y tras unas primeras páginas que no concordaban con lo que yo suponía, decidí seguir leyendo.
¿Qué es lo que me indujo a perseverar en la lectura tras los primeros párrafos? Creo que lo supe al cabo de muchos años: la inmensa empatía que experimenté con el autor desde esas páginas iniciales. Estoy hablando de esa sensación que te enlaza de forma indestructible con determinados autores (tanto literarios, como músicos), y que te arrastra a consumir sus obras de forma adictiva.
No sé si a todos os pasa, pero tras un libro que te apasiona sientes la necesidad de más. Comencé una febril búsqueda por las librerías, ni Amazon, ni la Casa del Libro podían ayudarme en aquella época. Adquirí y leí placenteramente, y en ocasiones releí, Demian, El juego de abalorios, Siddhartha, Bajo las ruedas, El caminante y En el balneario.
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La cuestión es que sin saber cómo, con esa edad, Hesse me transmitió algo que creo que fue su esencia vital (posiblemente la mía también), su búsqueda permanente. Por eso le he bautizado con el buscador sin pausa.
En mi opinión, emitida como auténtico fan de Hesse, su obra transmite la actitud de búsqueda durante toda su vida. Posiblemente la obra de Hesse es un reflejo de su evolución vital que le llevó a residir en varios lugares, con diversas vicisitudes que tuvo que superar y que, probamente, condicionó que los temas fundamentales de su obra fueran la superación de las crisis personales, con temas paralelos como la religión y la política.
Pero entre los aspectos que más me enlazaron a Hesse, hasta el día de hoy, fue esa distancia de pensamiento de los extremos que le terminó convirtiendo en poco apreciado por los seguidores de ambos. De que manera me he vinculado siempre, intelectualmente, con esos autores denostados por los radicales de ambos lados.
Como no iba yo a empatizar a esa edad con un autor así, alguien que escribía anteponiendo lo individual sobre lo colectivo, arrastrado por una búsqueda del  camino a través de la vía interior (la unidad básica del pensamiento de Hesse).
Pero con el tiempo y con la relectura de sus obras, yo descubrí a un Hesse que trascendía esa faceta y dejaba entrever una crítica social y política intensa.
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Hombre de espíritu libre, algunos de sus textos fueron referentes en el movimiento hippy de los años sesenta, nos dejó frases que hoy estarían muy de moda, como aquella que en referencia a la política rezaba “La política exige un partido, la humanidad prohíbe el partido" . Lo que ocurre con autores como Hesse (esto me ha costado muchos libros aprenderlo) es que es difícil salir de la interpretación que hacen de sí mismos, y que por tanto intentan transmitirte. Por eso creer que Hesse era apolítico, es una consecuencia de la lectura de sus libros, pero es un inmenso error. Una cosa es no amar la política (y a Hesse no le gustaba)  y otra no posicionarse o no ocuparse tanto de los temas sociales como de los políticos con los que convivimos. Y de los libros de Hesse emana política y actitud social.
No sé si tuve conciencia de todo esto,  o no, cuando comencé mi andadura con Hesse por El lobo estepario, pero imagino que no supe extraer de él su esencia la primera vez que lo leí. A pesar de todo me impactó. No sé si en ello influiría que era una obra de madurez (publicada a sus 50 años), con un bagaje de pensamiento fruto de larga meditación.
Ese título, que alude a un animal solitario pero que necesita a la manada, y ese argumento que presenta a un protagonista intelectual pero con un componente melancólico, me resultó atractivo. Seguro que en mi final de adolescencia, ese lobo estepario indiferente a la burguesía atrajo sobre mí más atención. Ese cierto desencanto por la pugna entre el lobo solitario (feroz, furtivo) y el lobo de manada (social, interdependiente) que iba emanando de las líneas, revolvió mi personalidad en desarrollo.
He leído muchos comentarios más tarde sobre la obra de Hesse . No soy un filólogo pero lo que sé es que Hesse  conmueve, desmitifica y anima a reflexionar sobre la búsqueda del auténtico sentido de la vida.
Para mí suficiente.
Hoy, mientras escribo estas palabras, me planteo volver a él y hacerlo con una visión más madura, la que entiende la obra no como una novela, sino casi como un ensayo que explora la naturaleza humana.
Todos tenemos una parte de lobo y de hombre, pero los textos de Hesse no dejan de tener un matiz romántico, en ocasiones creativo y poético (es lo que se consideraba Hesse, un poeta) y en otras ocasiones destructivo con ese impulso del suicidio tan propio del romanticismo.

Decidido.

Voy a volver a Hesse.

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