sábado, 7 de enero de 2017

¿Tenemos un ritmo de sueño individualizado que afecta al deporte?

Mis breves vacaciones de Diciembre me han permitido reencontrarme con una realidad apasionante: mi cronotipo.
La historia de la humanidad está plagada de personas famosas que han dormido poco, unos por no tener más necesidad, otros por considerar el dormir como una pérdida de tiempo: Benjamin Franklin decía (o se le atribuye la frase) que "Dormir temprano y levantarse temprano hacen a un hombre sano, rico y sabio". En palabras de esta figura histórica, yo no podría ser ni siquiera sano.
Estos días, fuera de los horarios de trabajo encorsetados, me he reencontrado con mi cronotipo, un concepto que está relacionado con los ritmos circadianos (esos ritmos biológicos que se desarrollan a lo largo de 24 horas), que están regulados por la hormona melatonina, pero, a su vez, muy influenciados por la luz solar o la temperatura. En relación a uno de estos ritmos, el ritmo vigilia-sueño, se definen tres cronotipos que provocan que nos sintamos mejor mental y físicamente en las primeras horas del día, o a la inversa. Estos tipos son: cronotipo temprano, cronotipo intermedio (el más frecuente) y cronotipo tardío.
Resultado de imagen de sueño vigilia
La pregunta es simple: ¿es mejor un tipo que otro? Pues no, da igual a cual pertenezcas, lo importante es que respetes las horas de sueño necesarias (y esa es una de las dificultades de pertenecer a uno u otro perfil cronotípico).
Todos nos encontramos ante una necesidad, de entre unas seis y diez horas de sueño diarias para sentirnos bien. Siempre habrá personas que necesitarán más o menos horas, pero esa franja aglutina a la mayoría de la población. El problema es, si nuestro cronotipo nos permite tener esas horas de sueño, y hacerlas compatibles con nuestras necesidades cotidianas.
Afortunadamente nuestro cronotipo evoluciona a lo largo de la vida, tendiendo a madrugar más con los años, y acostarnos antes, mientras que en la juventud la tendencia es a la inversa; y también, afortunadamente, uno no es esclavo de su cronotipo sino que podemos “entrenarlo” adaptándolo a nuestras obligaciones, mediante el mantenimiento de unos horarios y durmiendo las horas necesarias para tener una buena salud de sueño. De todas formas los cronotipos más extremos (el temprano y el tardío) tienden a mantenerse más invariables que los intermedios.
Resultado de imagen de sueño y deporte
Lo que no cabe duda, es que cuando mejor nos adaptemos (laboral o deportivamente) a nuestro cronotipo, mejor será nuestro rendimiento físico y/o mental, y la principal forma de adaptarnos es regular nuestras horas de sueño. Algunos estudios han demostrado una mejora del rendimiento en aspectos tan objetivos como los lanzamientos de baloncesto, mientras que se ha defendido el papel del descanso en la prevención de las lesiones (a pesar de su difícil cuantificación). Lo que si conocemos es que la falta de crónica de sueño, conlleva, entre otros problemas de salud, un debilitamiento del sistema inmunológico y un consiguiente aumento del riesgo de contraer enfermedades.
Con todo lo anteriormente descrito, ¿cabe pensar que nuestra tipología puede condicionar nuestro trabajo o nuestro deporte?
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Ese aspecto es, quizá, uno de los más interesantes sobre los que se está investigando en los últimos años, ya que si se confirma esa influencia de nuestro cronotipo a la hora de seleccionar un deporte, se abrirían interesantes campos de investigación y de intervención.

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